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Cafeína y Fuerza: Guía experta

Seguro que alguna vez te has tomado un café cargado esperando "milagros" antes de entrenar. Y sí, la cafeína es la reina de las ayudas ergogénicas (suplementos que mejoran el rendimiento), pero hay una gran diferencia entre tomarse un café y usar la cafeína con una estrategia nutricional adecuada.

Hoy quiero explicarte cómo funciona realmente en tu cuerpo y cómo pautarla para sacar esos kilos extra en la barra.

1. Fisiología básica: ¿Gasolina o truco mental?

Como nutricionista, lo primero que debo aclararte es un mito muy común: la cafeína no te da energía por sí misma (no tiene calorías útiles en ese sentido). Lo que hace es algo mucho más interesante a nivel cerebral.

La cafeína actúa como un antagonista de los receptores de adenosina.

¿Qué significa esto? Imagina que la adenosina es la señal que le dice a tu cerebro "estoy cansado". La cafeína llega, se "pega" a esos receptores y los bloquea.

El resultado: Tu cerebro no detecta la fatiga. No es que tengas más energía, es que te mantienes en un estado de alerta y vigilia porque hemos "hackeado" temporalmente la sensación de cansancio.

2. El impacto real en tu entrenamiento de fuerza

Más allá de estar despierto, la evidencia nos dice que la cafeína tiene tres efectos directos en el rendimiento de fuerza:

• Mayor activación neural: Estimula el sistema nervioso para que seas capaz de reclutar más fibras musculares en cada levantamiento.

• Reducción del RPE (Esfuerzo Percibido): Esta es la clave. Hace que el peso se sienta más ligero psicológicamente, lo que a menudo te permite sacar 1 o 2 repeticiones extra con la misma carga.

• Contracción más explosiva: Mejora la respuesta del músculo, permitiendo aplicar fuerza de manera más rápida y potente.

3. La Dosis: La diferencia entre medicina y veneno

Aquí es donde la mayoría falla. Para obtener beneficios deportivos, no vale con "un chorrito de café". Necesitamos ser precisos. La evidencia científica sitúa el rango efectivo entre 3 y 6 mg por kg de peso corporal.

El ejemplo práctico: Si pesas 70 kg, tu dosis ideal oscila entre 210 mg y 420 mg.

⚠️ Ojo: Si es tu primera vez pautando cafeína para rendir, empieza siempre por el rango bajo (3 mg/kg). Recuerda que más cantidad no significa necesariamente más fuerza, pero sí garantiza más efectos secundarios (ansiedad, taquicardia).

4. El Timing: No te la tomes en la puerta del gym

Un error clásico es tomar el pre-entreno justo al entrar al gimnasio. La cafeína tarda entre 45 y 60 minutos en alcanzar su pico máximo en sangre.

Mi recomendación: Tómala 1 hora antes de empezar. Así, cuando llegues a tus series efectivas (las pesadas de verdad), la cafeína estará actuando al 100% en tu sistema.

5. Precauciones: Gestiona la tolerancia

La cafeína es una herramienta, no un estilo de vida. Si la usas a dosis altas todos los días, tu cerebro se adapta creando más receptores de adenosina y dejará de hacer efecto. Para evitarlo y cuidar tu salud:

Resérvala para días clave: Úsala solo en los entrenamientos más intensos o pesados.

Cicla su consumo: Haz "descargas" (semanas sin tomarla) de vez en cuando para "limpiar" los receptores.

Cuida tu descanso: Tiene una vida media de 5-6 horas. Si entrenas tarde, ten cuidado, porque puede sabotear tu sueño y recuperación.

Claves para una pérdida de grasa exitosa

Cuando hablamos de perder grasa, internet está lleno de ruido: dietas milagro, prohibiciones absurdas y "hacks" que no funcionan. Como nutricionista, mi objetivo es que entiendas la fisiología de tu cuerpo para que dejes de luchar contra él.

Perder grasa no se trata de sufrir, sino de crear el entorno metabólico y hormonal adecuado. Aquí tienes las 6 claves imprescindibles, basadas en evidencia, para lograr una definición exitosa y sostenible.

1. Prioriza la Fuerza (y deja de matarte a cardio)

Es un error clásico: querer bajar de peso y pasarse horas en la elíptica. Debes priorizar el entrenamiento de fuerza y centrarte en la sobrecarga progresiva. Buscar mejorar tus marcas semana a semana es el estímulo que obliga a tu cuerpo a mantener (o incluso aumentar) la masa muscular mientras estás en déficit calórico. Si solo haces cardio, corres el riesgo de perder el músculo que tanto cuesta ganar.

2. Proteína: La dosis justa, sin obsesiones

A menudo vemos dietas con cantidades industriales de proteína, pero la fisiología nos dice que "más no es mejor". El rango óptimo se sitúa entre 1.2 y 1.5 g por kg de peso corporal. Superar este rango no aporta mayores beneficios anabólicos.

El matiz del experto: Mantener la proteína en este rango (y no más alta) es estratégico porque nos permite priorizar los carbohidratos en la dieta, maximizando así tu energía y rendimiento.

3. Carbohidratos: Tu gasolina de alto octanaje

Existe un miedo infundado a los carbohidratos, pero son tus aliados. Son tu combustible principal. Mantener una ingesta alta de hidratos garantiza que tengas la energía necesaria para rendir fuerte en los entrenamientos y afrontar el día a día, además de ser cruciales para una correcta recuperación. Sin energía, no hay intensidad; sin intensidad, no hay mantenimiento de masa muscular.

4. "Hackea" el hambre con densidad calórica

El enemigo número uno de la pérdida de grasa es el hambre. ¿El mejor truco? Llenar tu plato de verde. Aquí jugamos con el concepto de densidad calórica: las verduras aportan muchísimo volumen y micronutrientes por muy pocas calorías. Esto te permite comer grandes cantidades de comida, manteniendo la saciedad gástrica, sin salirte de tu déficit calórico.

5. NEAT: El gasto calórico "invisible"

Muchos atletas entrenan duro 1 hora y son sedentarios las otras 23. Error. Debes moverte fuera del gimnasio (mínimo 10.000 pasos). El NEAT (actividad física no asociada al ejercicio) supone un gasto calórico total mayor que tu hora de pesas.

¿Por qué caminar? Es la forma más eficiente de aumentar tu gasto diario sin generar fatiga sistémica que interfiera con tus entrenamientos.

6. El descanso NO es negociable (+7 horas)

Puedes tener la dieta y el entreno perfectos, que si no duermes, no progresarás. La falta de sueño crónica eleva el cortisol (hormona del estrés) y desregula las hormonas encargadas del hambre (grelina y leptina). Esto sabotea tu déficit calórico, aumenta los antojos y frena en seco la pérdida de grasa. Priorizar el sueño es tan importante como cumplir con tus macros.

Conclusión: Una pérdida de grasa exitosa no se basa en eliminar grupos de alimentos, sino en gestionar la energía, preservar la masa muscular con entrenamiento de fuerza y cuidar el entorno hormonal a través del descanso y la actividad diaria.

"¿Por qué no bajo de peso si como sano?"

Es la frase que más escucho en consulta: "Como sano, evito ultraprocesados, elijo comida real... y aun así, la báscula no se mueve".

Es frustrante, lo sé. Pero como nutricionista, tengo que decirte la verdad incómoda: el diagnóstico suele ser siempre el mismo. Pensamos que si un alimento es saludable o "real food", no engorda. Y la realidad es que la mayoría de las personas subestiman drásticamente su ingesta calórica.

Hoy vamos a ver por qué "comer limpio" no es suficiente para perder grasa y cómo solucionarlo entendiendo un solo concepto: la densidad calórica.

1. La trampa de los alimentos "densos"

El problema no es la calidad de los alimentos (que es excelente), sino la cantidad de energía que aportan en muy poco volumen.

Déjame ponerte un ejemplo gráfico que uso a menudo:

Imagina un aguacate grande y un puñado de nueces. Son alimentos sanísimos, llenos de grasas cardiosaludables y micronutrientes. Sin embargo, ese pequeño snack puede aportarte perfectamente unas 500 o 600 kcal.

¿El problema? A pesar de esas 600 calorías, el volumen en tu estómago es mínimo. No te sacian absolutamente nada. Y si no hay saciedad, es imposible mantener un déficit calórico a largo plazo sin sufrir ansiedad.

2. La estrategia ganadora: Volumen y Saciedad

Ahora, compáralo con esto: Un bol gigante de ensalada: pepino, tomate, cebolla, una base de hojas verdes y su toque de aceite de oliva.

Este plato, que visualmente es mucho más grande, te aporta solo unas 200 - 250 kcal.

El resultado fisiológico: El volumen es muchísimo mayor. Esto activa los mecanorreceptores de tu estómago, enviando señales de saciedad al cerebro mucho antes y con menos de la mitad de calorías que la opción anterior.

3. Las dos claves para el cambio físico

Si quieres ver cambios reales en tu composición corporal (como los casos de éxito que ves en mis redes), debes dejar de confundir "sano" con "ligero". Necesitas aplicar dos principios innegociables:

• Déficit Calórico: Es pura termodinámica. Debes ingerir menos energía de la que gastas. Sin esto, no hay pérdida de grasa, por muy sana que sea tu comida.

• Controlar la Densidad Calórica: Debes priorizar alimentos que ocupen mucho espacio en tu estómago pero aporten pocas calorías (verduras, frutas, proteínas magras). Esto es lo que te permitirá estar en déficit sin pasar hambre.

Conclusión: No se trata de eliminar el aguacate o las nueces, sino de entender que son bombas calóricas nutricionalmente densas. Si tu objetivo es perder grasa, tu mejor aliado es el volumen. Come sano, sí, pero come con estrategia.

¿Hablamos?

Tu mejor versión empieza con una decisión.

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